El Tecpan de Santiago, “sucursal de la prision”

El “Colegio correccional de San Antonio”, que ocupaba una amplia porción de lo que fue el Tecpan de Santiago, estaba todavía en funciones hacia 1867, de acuerdo a lo escrito por Manuel Orozco y Berra. Posteriormente los internos de la correccional fueron ubicados en otro sitio pero se conservaron los talleres, que pasaron a formar parte de la Escuela Industrial de Huérfanos. Cabe hacer notar en este texto el inicio de lo que hoy podría denominarse como una “política social” específica para un sector poblacional que diferenciaba ya entre el castigo corporal en una cárcel y lo que se entendía entonces como “rehabilitación social”.

Tecpan de Santiago

El año 1850 y en la época en que faltó el Ayuntamiento de la ciudad, se pulsó la urgencia de segregar del comun de los presos de la cárcel nacional á varios jóvenes que habia en ella, á fin de alejarlos del contacto de los criminales, y evitar que se desmoralizaran. De acuerdo con el Ministerio de Relaciones y Gobernacion, desempeñado entonces por D. José María de Lacunza, se resolvió establecer un asilo independiente para ellos, á expensas de los fondos municipales, que eran los que sufragaban los gastos para la subsistencia de los jóvenes en la prision. A este objeto, se tomó en arrendamiento el edificio del Tecpan de Santiago, por veinticinco pesos mensuales, que fue lo convenido con el administrador de las parcialidades [de Santiago Tlatelolco y de San Juan Tenoctitlán] D. Manuel Marmolejo, planteándose alli por primera vez una casa con el carácter de sucursal de la prision.
Más tarde fue preciso admitir otros jóvenes que no procedian de la cárcel, pues bien eran niños que no habian sido recibidos en el Hospicio por falta de local, ó procedian de sus mismas familias que los enviaban allí por vía de correccion. Aumentado así el número de los admitidos en aquel asilo, el Sr. Azcárate estableció algunos talleres para la enseñanza de oficios mecánicos, y dos escuelas de primeras letras para los niños y para las niñas. Se habia hecho ya la precisa separación de hombres y de mujeres, y de criminales y no criminales, para que los buenos no se contagiaran en el trato comun.
Siendo superintendente de policía, en 1853, el Lic. D. Antonio Diez de Bonilla, protegió é impulsó el establecimiento, al que dio el nombre que conserva de Colegio correccional de San Antonio. Con igual empeño lo atendió y mejoró en 1856, como gobernador del Distrito, D. Juan José Baz, sosteniéndose exclusivamente entonces con el fondo de juegos prohibidos. A proporcion que tuvo incrementos la casa se le fueron señalando otras rentas; a manera que, si antes los corrigendos ó alumnos solo subsistian con los once centavos diarios por persona, que los fondos municipales abonaban, como se ejecuta con los presos, despues contó con recursos fijos que proveian con mas ó menos abundancia á su conservacion.
Creada la Direccion de Beneficencia, estuvo á su cargo como uno de los establecimientos del ramo: por la ley se sostiene ahora por los fondos municipales.
El Colegio de San Antonio está bajo la direccion del presbítero D. Francisco Higareda. Separadas ya las mujeres, contiene hoy trescientos veinte jóvenes, distribuidos de la forma siguiente:

En la escuela…..……………259
En la carpintería……………35
En la zapatería……………..26
Suma…………………320

Los alumnos de la escuela reciben la instruccion por el sistema de Lancaster, consistiendo los ramos de enseñanza en lectura, escritura inglesa, aritmética teórica y práctica, gramática castellana, ortología, doctrina cristiana, máximas morales y dibujo lineal: en lo general presentan grandes adelantos, así estos como los de los talleres.
Del número total, cuarenta y tres son jóvenes corrigendos, que siguen la enseñanza y disciplina del colegio.
En medio de nuestras desastrosas revueltas, no ha sido todo destruir únicamente; podemos presentar, por fortuna, algunas muestras de que no se ha extinguido aún entre nosotros el amor de la humanidad.

Tomado de: Memoria para el plano de la Ciudad de México, formada de órden del Ministerio de Fomento. Por el Ingeniero Topógrafo Manuel Orozco y Berra. México, Imprenta de Santiago White, Callejón de Santa Clara No. 9, 1867. (Páginas 188-189).

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