Nonoalco Tlatelolco en “José Trigo” (5 y final)

Pero no en estos campamentos.

No en los campamentos de Nonoalco-Tlatelolco, que fueron arrasados, demolidos, olvidados hace muchos años.

Hace tanto, como tantos son los años que cuento como cuento los días y cuento las horas. Y cuento las horas como cuento las cosas: cuento el alboroto de las calderas de la casa de fuerza y la algazara de los talleres de básculas y conservación de coches y el bullicio de los estibadores de los muelles del exprés y el zumbido de los automóviles que pasaban por el Puente y el murmullo del colector que cruzaba de Norte a Sur estos campamentos, bajo tierra, y el runrún de los conductos de agua que corrían por la Calzada de Nonoalco, bajo tierra, y el rumor sordo de las líneas de alta tensión que enmarañaban los campamentos, bajo tierra, bajo esta tierra antaño zona de tugurios, hospicio de pobres de solemnidad, refugio de pecadores y hogaño tierra baldía, lugar de esterquilinios y carnuces: bajo esta tierra y sobre tierra, bajo el cielo y sobre las piedras, y entre el humo de las fábricas y los talleres, y entre las salvas de los cuarteles y los lamentos de las cárceles y entre el ir y venir de los hombres de uniformes azules que deambulaban con sus palas al hombro para calzar durmientes y nivelar vías, de los carniceros con corderos desollados a cuestas, de los panaderos con bicicletas plateadas, de las mujeres panzonas con cargas de coles y coliflores, de los mendigos babosos, las ratas hambrientas y los ciegos de bordón de avellano, cayeron las palabras: Las palabras tierra, polvo, piedras. La tierra sobre las cárceles, el polvo sobre los ciegos, las piedras sobre estos campamentos por donde ellos, los hombres, arrastraban sus palas herrumbrosas, sus corderos sanguinosos, sus llagas pulverulentas: y ferrocarrileros bravucones, putas rufianas, perros regañones, gatos muradores; y gitanos, soldadescas y mendigos, liaron sus triques y chirimbolos, desavecindaron el rumbo, tomaron el trote y no volvieron. Nunca, ni por unos días; nunca, ni por otros siglos, volvieron a andurrear por estos campamentos, a jolgar a la sombra del Puente, a maridar a la amparanza de los furgones.

Porque cayó la tierra, cayó el polvo, cayeron las piedras sobre estos santos campamentos que fueron arrasados, demolidos, olvidados hace muchos años.

Tantos, como días tiene el invierno; tantos, como hombres, mujeres y niños buscaron a la vieja Buenaventura para que ella, maestra en encantorios y jorguinerías, adivinase sus sueños y les dijese si soñaste cigüeñas es ladrones, si aceitunas es paz y amistad, si alcachofas secretos pesares, y si soñaste que una tarde de un año bisiesto de un mes de diciembre de hace muchos años tú caminabas por estos campamentos y preguntabas por José Trigo, quiere decir que fue verdad: tantos así fueron los hombres que soñando, caminando, despertando, preguntaron por José Trigo; tanto así los que dijeron: ¿José Trigo?

Unos con caras quijarudas y percudidas, otros con vientres fofos y campanudos, y niños empelotados y roñosos, viejas anquilosadas y chamagosas, viejos engurruñados y sórdidos, y unos y otros miserables malnacidos, malparidos, bastardos y desheredados, ludibrio de toda la tierra, escarnio de sus hermanos, verecundia y oprobio de sus progenitores, efigies del hambre: nacieron y vivieron entre ruinas y escombros, crecieron entre escoriales, inmundicias y cascajeras, comieron despojos, piltrafas y bazofias, y murieron entre detritos y poluciones: en estos santos campamentos, en este lugar de Nonoalco-Tlatelolco, región del villanaje y el populacho, regazo de la discordia, guarida de tránsfugas, asilo de parias y proscritos, asiento de prevaricadores, recinto de expósitos, puerto de desventurados. Nonoalco-Tlatelolco. Campamento Este y Campamento Oeste. Campamento Norte y Campamento Sur: por tus ciudades y pueblos, desamor de mis desamores, vimos pasar las negras locomotoras bruñidas rumbo a los viejos talleres: a reponer las bridas de las cajas motrices, a tornear los muñones de las carretillas, a hacer nuevos mundos por esos mundos de Dios, a ir y venir, a llevar y traer hombres y mujeres, bestias y árboles, cosas y piedras: hombres así, mujeres asado, ciervos agostizos y manzanos florecidos, órganos de viento y aerolitos de cinco toneladas.

Y también por tus ciudades y pueblos me viste, me vio, me vieron pasar preguntando:

¿José Trigo?

Texto: Fernando del Paso. “José Trigo”. México, Siglo XXI editores, 2002.
Imagen: memoriaurbana.foroactivo.com/.

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Ludópata, ex pata de perro, ratón sin biblioteca, patafísico
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