Tlatelolco, por los rumbos de la periferia

“La periferia de la ciudad [de México] era el territorio que en el siglo XVI se había destinado a los barrios y pueblos de indios de las parcialidades de San Juan Tenochtitlan y Santiago Tlatelolco, terrenos cortados por el paso de las acequias y caminos en donde se localizaban casitas y jacales que no seguían ningún orden ni alineamiento y un buen número de capillas construidas por los indígenas.
“En el período 1848-1882 se dio en la periferia un incremento importante del número de casas que pasaron de 2,839 a 4,800 y un aumento aún mayor de sus viviendas que se duplicaron de 16,266 a 33,417.” […]

“La periferia a que nos hemos referido era muy amplia y comprendía realidades muy diversas, por ello consideramos importante analizar la información de seis zonas que seleccionamos, algunas que registraron cambios en su estructura física y otras que se mantuvieron semejantes. Estas zonas son: Tlatelolco y Tepito al norte y noreste, Santa María la Redonda al noroeste, San Pablo al sureste y Tlaxcoaque y Nuevo México al sur y suroeste. Todas ellas comprenden un territorio más amplio que el que lleva su nombre, con objeto de ubicarlas con mayor rapidez.”

Tlatelolco
“Esta zona estuvo formada por los barrios de indios de Tlatelolco y Santa Ana Atenantitech pertenecientes a la parcialidad de Santiago Tlatelolco y los terrenos de la Viña hasta llegar a la acequia de Tezontlale. En 1848 las manzanas que colindaban al oriente de la calle de Santa Ana y las que se localizaban al norte de la acequia estaban bien trazadas y en el resto del área se esparcían casitas y jacales. Destacaban la iglesia y el convento de Santiago Tlatelolco destinado a presidio, el Tecpan de Santiago, varias capillas, entre ellas, la de San Antonio el Pobre y el tiradero de basura de la Viña. En 1848 esta zona presentaba un panorama desolador, su población era muy pobre y estaba formada por una gran cantidad de sirvientes y de limosneros que diariamente se desplazaban al centro de la ciudad. La zona se había venido despoblando desde el siglo XVIII por la escasez de agua y por la alta mortalidad causada allí por las epidemias.
“Entre los años 1848 y 1882 el área registró un importante cambio por diversas razones: la venta de tierras de la parcialidad y del Ayuntamiento a particulares; la instalación de pozos artesianos que resolvieron en parte el problema del agua; el establecimiento del depósito de la estación del Ferrocarril de Veracruz y de la estación de Sullivan; la construcción del hipódromo de Peralvillo y la apertura de varias calles.
“Las casas de la zona registraron un aumento del 15 por ciento, mientras las viviendas se incrementaron a más del triple, de 786 a 2,623. Así. el promedio de viviendas por casa ascendió de manera importante de 3 a 8.
“En 1848 el tipo de vivienda que predominaba era el cuarto, seguido de la accesoria  y el jacal. Para 1882 los cuartos siguen siendo los más numerosos y son los que además tienen un aumento mayor números absolutos, de 403 a 1.135. Se observa también un incremento significativo de las viviendas que aumentan ocho veces y de las accesorias que se duplican. De los 78 jacales que había en 1848, se censaron  sólo dos para 1882.
“Las viviendas ocupadas en alguna actividad económica registraron un incremento: las destinadas al comercio se triplicaron, pasando de 36 a 117, principalmente las ocupadas en la venta de alimentos y bebidas (tiendas y pulquerías); las viviendas dedicadas a la  producción se duplicaron, de 22 a 57, gran parte de ellas estaban ocupadas en la elaboración de alimentos y bebidas; las ocupadas en la prestación de  servicios se quintuplicaron al pasar de 9 a 50, para 1882 en su mayoría tenían giros relacionados con la educación, el almacenaje y el transporte.
“La mitad de la población ocupada se dedicaba a la producción y en el periodo creció de 274 a 1,674 trabajadores, siendo una gran parte de ellos, albañiles y carpinteros; el número de comerciantes casi se triplicó, de  113 a 408 personas, la mayoría de ellos se dedicaban a la venta de alimentos y bebidas; el número de sirvientes se triplicó (de 52 a 224) incrementándose más los sirvientes que vivían y trabajan en las viviendas o negocios de sus patrones que de los sirvientes que tenían allí su vivienda. Los trabajadores dedicados a la prestación de servicios  particulares, entre los que había un gran número de arrieros en 1848 y de cargadores en 1882, se duplicaron de 61 a 151.”

Fuente: María Dolores Morales; María Gayón Córdova, INAH. Casas y viviendas de la Ciudad de México, espejos de las transformaciones urbanas, 1848-1882. El artículo completo es accesible en la siguiente dirección: http://www.ub.es/geocrit/sn/sn-146(016).htm

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Acerca de malecg

Ludópata, ex pata de perro, ratón sin biblioteca, patafísico
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